martes, 14 de junio de 2005

Un maestro vudú

Con los ojos aún cerrados por no haber dormido lo suficiente esta noche, bajo del autobús y me dirijo al despacho y, de repente, salido de la nada, un guapísimo chico negro me tiende la mano y... y me da un papelito con el siguiente título: "VIDENTE AFRICANO MAESTRO AMADOU".

Entre sus virtudes se encuentra un "trabajo serio y rápido", dirigido a todo los siguientes temas: "amor, dinero, trabajo, suerte, protección, fidelidad absoluta en el amor..." Aquí casi empiezo a partirme de risa, si no fuese porque una es un ejemplo de virtudes y tengo que aparentar ser la más serie del mundo en esta profesión tan tan formalista. También es bueno en los "concursos, familia... complejos físicos y morales, suerte en los negocios e impotencia sexual" (es un alivio saber ésto último). Por último garantiza el resultado en una semana (y si no estoy satisfecha, ¿me devuelve el dinero, como el cortinglés?).

Y yo me pregunto lo siguiente: ¿hasta dónde llega la desesperación de la gente que recurre a este tipo de "personajes" para poder sentirse mejor? ¿Han descartado, por casualidad, otras vías, como las de un psicólogo, un psiquiatra o, simplemente, un médico? ¿Debería actuarse contra ellos por ser unos charlatanes estafadores?

Hace unos días ví un reportaje (creo que en Canal Nou, autonómica valenciana) sobre un supuesto curandero, que era más falso que Judas. De verdad, sentí impotencia por toda la gente que, de buena fe y desesperada por una enfermedad larga o incurable, acudía a él, a ver si los sanaba.

Recuerdo que mi hermano pequeño empezó con crisis asmáticas antes de los dos años, provocadas por sus múltiples alergias. Cuando ya no sabían qué hacer mis padres, intentaron ir a una curandera, pero al ver sus caras de escepticismo por este remedio les dijo que sin fe, no podría curar al niño (y claro, mi hermano con 4 años tenía tanta fe como yo millones en Suiza, lo que contaba era la fe de mis padres, que tampoco tenían mucha). El caso es que mi hermano mejoró con un tratamiento combinado de medicina homeopática (bolitas de esas diminutas de componentes que le daban alergia) y medicina moderna (vacunas de laboratorio).

Deberíamos buscar la felicidad allí donde se encuentra y no dónde nos dicen que está. Y creo que se encuentra dentro de nosotros, dentro de tí, dentro de mí. Y las curas a las enfermedades están dentro de la medicina, sea la tradicional china, la medicina moderna u otras alternativas probadas como la homeopatía. Más allá, no hay nada más que palabras que no dicen nada.