viernes, 3 de junio de 2005

Reencuentros

Si creyese en el destino o en Dios o en las señales, diría que ayer tuve algo de eso. Pero, simplemente, fueron encuentros.

El primero tuvo lugar en el Registro General de la Delegación del Gobierno. Había ido a presentar un recurso a la Oficina de Extranjería y, al salir, veo a un compañero de 1º de carrera, Juan Diego, salir resueltamente. Me reconoce (pero creo que no recordó mi nombre), me saluda e intercambiamos unas palabras. Es becario de la Oficina de Comercio Exterior y el año pasado estuvo en Oslo y este año aquí, en Murcia. Me habló de sus ansias de ganar dinero en la empresa privada, los idiomas (que no hay que olvidarlos), la beca Erasmus, la beca Séneca... Y me preguntó que cuándo opositaba yo. Le dije que ya ejercía la abogacía profesionalmente y que estaba contenta y me preguntó que cuánto ganaba.

En esto que veo llegar a uno de mis antiguo jefes y cambié de interlocutor. Hablamos de cosas banales, de recursos, de clientes... y me dice que se nota mucho en el despacho que ya no estoy, que la chica que metieron en mi lugar no pilla una, que la nueva es más espabilada pero no quiere temas de extranjería... y me pregunta que cómo estoy en el nuevo despacho, si estoy contenta, que cuánto gano...

Por la tarde, esperando el autobús, veo a un chico que se acerca y me mira... Se para y me dice que me conoce, le digo que sí, de un curso de inglés hace ya tres veranos, que él es Ismael el informático. Siento mucho esto, pero lo siguiente que le dije es que estaba muy mayor (es mayor que yo aún, rondará ya los 30). El caso es que se paró conmigo un buen rato, estuvimos hablando de sus oposiciones, de sus prácticas, de mi trabajo, de inglés... Pero no hablamos de dinero.

Digo esto porque la persona que más ilusión me hizo ver fue, precisamente, la que no me preguntó por el dinero, a la que no le importó si mi estatus económico había crecido o no, la que, simplemente se interesó por mi persona y mis circunstancias.