jueves, 23 de junio de 2005

Los frikis no son comida para gatos...

...pero a uno que yo conozco deberían trocearlo a cachitos y dárselo a comer a los cerdos.

Algunos de los que me conocen saben la historia de Antonio, el abogado friki con el que tuve cierta "relación" epistolar.

Resulta que tenemos un foro en la web del Colegio de Abogados de ésos de suscripción. Yo me suscribí en él en un momento en el que estaba muy agobiada por el trabajo en mi anterior despacho. Así que puse alguna coña marinera y mi dirección de correo.

Al cabo de unos meses, este tío me manda un e-mail y me dice que le ha hecho gracia y (siempre en plan coña-friki) me reta a hacer un cuestionario para "trabajar" con él. Como a mí no me gana a friki ningún abogado (al menos de Murcia), pues le contesté con toda la inventiva posible. La cosa parece que le gustó y fuimos intercambiando e-mails todas las semana.

Llegó el día en que quiso que nos tomáramos un café y accedí, previo aviso a uno de mis amigos de dónde estaba y de que, por favor, me llamara a una determinada hora. El friki en cuestión llegó y nos tomamos varios tés y fantas y todo salió genial, me cayó bien el chico.

Seguimos con las cartas y las coñas y me invitó a visitar una exposición de fotos de pies (y eso que él no sabía mi fijación por los pies...). El caso es que en el último momento lo cambió por otro café y pasé una tarde inolvidable. Ahí sí que despegué yo mis escasos encantos femeninos y flirteé a placer, flirteo que el otro recogió y usó y me devolvió. Incluso hubo cierto contacto físico: caricias en la cara y manitas por encima de la mesa. Nos despedimos con un par de sonoros besos y un abrazo algo más intenso de lo normal y con la promesa de que me quedaba sola en el despacho por el viaje de novios de mis jefes y de que quería enseñárselo (él se estaba montando el suyo).

(Continuará mañana...)