martes, 16 de junio de 2009

ASESINATO (5ª parte)

(Continuación...)

Me había quedado por la 2ª sesión del juicio, por la práctica de la prueba.

Tras ella, las llamadas conclusiones finales o informes o, para que lo entendáis en lenguaje cinematográfico, los alegatos finales.

A diferencia de las pelis americanas, habréis observado que la práctica de la prueba se realiza declarando primero el culpable, luego los testigos y, por último, policías y peritos. De igual manera, la realización de los alegatos finales no es como en las pelis, estamos sentados enfrente del jurado y no nos levantamos, además, vamos vestidos elegantemente con nuestras togas negras (casi todos los sistemas judiciales europeos utilizan esa vestimenta, en algunos lugares con peluca -Reino Unido-, en otros con corbata y camisa blancas -Holanda- o con un adorno rojo -Alemania-).

La primera en exponer su alegato final fue la Fiscal. Con 30 años de carrera, se dirigió al jurado en términos más o menos coloquiales, quizá menos que más y eso hizo que sus palabras sonaran demasiado técnicas.

Luego hablé yo. Llevaba preparado un resumen de los hechos y las consecuencias de 8 folios. Para mi propio asombro, no leí ninguno. Desplegué la artista de cabaré que llevo dentro y actué como jamás lo he hecho en un juzgado. Me dirigí al jurado "como en las pelis", me dijo mi hermana, hablando con convicción, con pasión, incidiendo en las circunstancias negativas del asesinato, en la equivocación del agresor respecto de la víctima, en la hoja de 24 cm que había atravesado todo su cuerpo, en la brevedad de su muerte (apenas 5 minutos desde la agresión), en la agonía y el dolor que sufrió, en que su muerte debe ser compensada a su familia porque, a pesar de que no tiene precio, ya no vivirán con ellos esos momentos especiales, esos cumpleaños o Navidades, etc. Debo reconocer que me sorprendí a mi misma y me di cuenta de que puedo llegar muy lejos si me lo propongo.

Terminó los alegatos finales el abogado de la defensa. Y falló. A pesar de su experiencia en este tipo de casos, a pesar de sus 20 años de carrera, no podía defender lo indefendible, intentó hacer ver que la confesión de su cliente era importantísima para la resolución del caso, que la reparación del daño causado con el ingreso de 12000 euros para la indemnización era más que suficiente, pero el jurado no se lo creyó. Además, intentó incluir en su alegato sentencias del Tribunal Supremo y ese fue el gran error, porque el juez le llamó la atención, cortando su exposición, quedando en mal lugar delante del jurado.

Para terminar, se le dio la oportunidad de decir unas últimas palabras al agresor, el cual sólo dijo que sentía mucho lo ocurrido y que estaba arrepentido.

Y acabó la 2ª sesión del juicio.

(Continuará...)