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jueves, 4 de agosto de 2011

Viaje a Toledo (III)

Termino ya con la disertación de mis cutre-vacaciones... (imaginad cómo será cuando os cuente el viaje de novios, jejeje).Enlace
El tercer día en Toledo nos levantamos y nos pegamos un superhomenaje a la gastronomía española dulce y salada en el bufé libre del hotel. No salimos rodando porque estamos ya hechos a hartarnos como si no hubiera mañana.

Tras recoger maletas, pagar el parking y dejar el hotel, nos fuimos hacia el Alcázar de Toledo, donde ahora se ubica el Museo del Ejército, con ánimo de pasar allí una calurosa mañana al abrigo del buen aire acondicionado.

Con edificaciones que se remontan a la época romana, el Alcázar de Toledo, situado en la parte más alta de la ciudad, en realidad ha estado ocupado desde tiempos prehistóricos y, tras la última restauración y acondicionamiento para el traslado desde Madrid del Museo del Ejército, se han descubierto los asentamientos más antiguos, los cuales se han dejado "al aire" para que todo el mundo pueda verlos.

La actual planta de gran edificio del Alcázar se debe a Carlos I de España (y V de Alemania), que en el S. XVI decidió remodelar las construcciones que allí había y construir un acuertelamiento en condiciones.

Si es famoso el Alcázar de Toledo en los últimos 100 años ha sido por el asedio de 70 días a los que se vieron sometidos los militares sublevados del frente nacional frente a las tropas republicanas en verano de 1936, que prácticamente lo redujeron a escombros. Queda como recuerdo sólo una sala quemada, tiroteada y conservada tal y como se quedó tras la guerra.

Pues ahora, en dicho Alcázar, se encuentra, como he dicho ya, el Museo del Ejército. Tuvimos la suerte de ver una exposición temporal sobre la guerra antes del S.XV, donde apreciamos todo tipo de armamento militar español desde la época prehistórica hasta dicho la unificación del país por los Reyes Católicos. Gran parte de las espadas, flechas y escudos íberos del Museo de Jumilla estaban allí, pudimos apreciar reproducciones de las torres de asedio romanas, todo tipo de espadas, corazas y armaduras, los primeros cañones, la reproducción de Tizona, la que dicen que es la espada del Cid Campeador, etc.

Tras eso, pasamos propiamente dicho a la exposición permanente del museo, donde te hartas de ver armaduras (muchas de ellas donadas por los grandes ducados españoles), espadas por doquier, arcabuces cañones, las primeras banderas, las primeras armas cortas de fuego, etc., etc. Sin exagerar, estuvimos 4 horas en el museo, donde apreciamos lo mucho que nos ha gustado a los españoles salir a guerrear por esos mundos de Dios.

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Aquí Mr. Osako tras un cañón del S. XVI y frente un armadura y los primeros arcabuces

Y, aunque hay partes realmente interesantes, eché mucho en falta que la parte dedicada al S.XX se hubiera desarrollado mucho más, habida cuenta de que se han sufrido dos guerras mundiales (si bien no tomamos parte directamente, sí hubo participación esporádica) y una cruenta Guerra Civil. Como anécdota, diré que no sé cómo Franco pudo entrar en el ejército, pues sólo medía 1'45 m., ni porqué no hay trajes del Rey (de los que ya no le vienen) como jefe de los Ejércitos o del propio Franco (como Generalísimo). Sí que están la máscara funeraria de la cara y las manos de Franco cuando se murió (sin interés ninguno) y, atención, un traje de Guardia Civil del Príncipe Felipe cuando tenía 14 años. Me dio la sensación de que se intentó pasar por la parte más violenta de nuestra historia reciente de puntillas, como si tuviéramos miedo de algo.

A destacar como cosas preciosísimas: el patio del Alcázar, que estaba preparado para un concierto, es genial y espectacular, con su doble piso; la casulla de Boabdil, último rey de Granada, elaborada ricamente en un tejido granate ya algo desvaído, pero muy bonita; la tienda de campaña -de campaña de guerra- de uno de los reyes Austrias que tuvimos; las armaduras del Marquesado de Medinaceli (o del Ducado de Medina-Sidonia) y una colección privada pequeñita, de un locolpijo por el ejército, que tenía armadura japonesa y mil y una cosas de miles de sitios lejanos, todos relacionados con el arte de matar. También hay una colección de soldaditos de plomo inmensa que da mucho qué pensar del que fue su propietario.

Cuando ya avisaban por megafonía de que nos quedaban sólo 30 minutos, estábamos buscando la salida como locos, y allá que nos fuimos a comer famélicos perdíos al Mcperro y, tras un helado, decidimos poner rumbo a Murcia, porque aún nos quedaban 4 horas de viaje.

El resumen es que ha sido un viaje muy interesante, en el que hemos visto una de las ciudades más bonitas de España, llena de sitios y recovecos para visitar, donde pudimos desconectar del trabajo sin problemas y de la que tendremos un precioso recuerdo.

lunes, 11 de julio de 2011

Viaje a Toledo (II)

La mañana del sábado la comencé con un dolor de espalda horrible, tan fuerte era que me dolía al respirar y pensé que tendría que pasar por Urgencias para que me inyectaran algo y poder pasar el día medianamente normal. Pero Mr. Osako se tiró casi media hora dándome un masaje poco a poco, lenta y suavemente y recuperé más o menos la movilidad. Siempre que me tomo unos días de vacaciones, me pasa algo, es mi cuerpo, que se niega a estar en "modo relax" y que me acaba jugando malas pasadas.

A eso se le unió la circunstancia de que en el hotel nos indicaron que no teníamos contratado el desayuno, sólo la habitación. Todo ello, a pesar de que en la reserva que hice por internet especifiqué claramente que queríamos el desayuno. Pues, a pesar de todo, tuvimos que hablar con la central de reservas y resolver el entuerto.

Después de todo el follón mañanero, decidimos salir sobre las diez menos cuarto camino del centro. Cogimos un bus y nuestra primera parada fue la catedral, para verla sin agobios ni grupos ni follón.

Por cierto, vaya metida de catedral de Toledo, 7 euros la entrada, no puedes hacer fotos, no puedes entrar en tirantes, no puedes hablar alto, no puedes, no puedes, no puedes, no puedes... En fin, cosas de la Iglesia, al menos esta vez estaba todo limpito y reluciente, porque cuando fui con el instituto, hace 17 años, recuerdo que había una capilla lateral que tenía más mierda que un montón de estiércol en el campo.

Después de la Catedral nos fuimos a ver la Iglesia de S. Salvador, donde compramos una pulserita para ver varios monumentos y que salía muy económica. Ya de por sí, la Igl. de S. Salvador es angosta y hay que bajar unos cuantos escalones. En una reciente remodelación se descubrió un importante yacimiento arqueológico en sus bajos, se cree que de la época visigoda, con tres enterramientos. Es por eso que la iglesia tiene restos visigodos, árabes y cristianos. Muy conocida es su Pilastra, un pilar que sostiene un arco de herradura y que está bellamente decorado con motivos de la vida de Jesús.

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Meg ante la Pilastra de S. Salvador, de la época visigoda

También subimos a su pequeña torre, donde pudimos apreciar que los hispanos de épocas anteriores eran más pequeñitos que los de ahora...

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Mr. Osako en la escalera de subida al campanario

Tras la Iglesia de S. Salvador, fuimos a visitar el famoso cuadro de El Greco, El entierro del Conde de Orgaz, que está en la Iglesia de Santo Tomé y que, gracias a la pulserita, evitamos hacer colas. Es impresionante el cuadro, con la iluminación que tiene se resalta de manera magistral la pintura de El Greco.

De ahí nos fuimos a ver la Sinagoga de Sta. María La Blanca, ejemplo de arquitectura judía, un templo discreto, pequeño, enmarcado dentro de una especie de finca con un amplio jardín y muy bonita. Había una exposición de un pintor francés católico que aboga por la comunicación entre las religiones, no recuerdo el nombre, pero que era muy interesante de ver.

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Mr. Osako ante los arcos de herradura de la sinagoga de Sta. María la Blanca

De allí tiramos raudos para el Monasterio de S. Juan de los Reyes, joya del gótico donde los Reyes Católicos pensaron enterrarse, pero, al final, no lo hicieron (están enterrados en Granada). Tiene un impresionante claustro, donde aparecen los motivos iconográficos de dichos reyes: el yugo y las flechas y su frase "Tanto monta, monta tanto".

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Tanto monta

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Meg y Mr. Osako haciendo fotos en la galería superior, junto a una gárgola-águila

Del claustro, pasamos a la iglesia, entre boda y boda, porque nos pilló la salida de una y la entrada de otra y tuvimos mucha suerte, porque los monjes que se encargan de la iglesia piden que, ante ceremonias o misas, no se visite. Muy bonita la iglesia, muy luminosa y diáfana. Desde la puerta, se ve una impresionante vista del Tajo y de las casas llamadas "cigarrales" que están al otro lado del río.

Después de San Juan de los Reyes, decidimos ir a ver la Sinagoga del Tránsito, eran como las 13.30 y el portero nos indicó que si nos esperábamos hasta las 2, la podríamos visitar gratis, puesto que los sábados por la tarde no se pagaba entrada. Así que nos tomamos un refresco y entramos en lo que, actualmente, es un museo sefardí sobre la presencia judía en Toledo. Esta sinagoga es mucho más grande que la de Sta. María la Blanca y tiene reliquias de objetos muy interesantes, es también muy bonita de ver. No pongo fotos, porque las que tenemos no hacen justicia al sitio.

Después, ya con hambre, pero con ganas de ir terminando el recorrido planificado, fuimos a ver la Casa-Museo de El Greco, un ejemplo de arquitectura toledana basada en una pequeña finca con varias construcciones donde se puede ver lo que habría sido la casa del pintor (no se sabe a ciencia cierta si lo fue, se sabe que estaba por las inmediaciones). Vimos varios de los cuadros que pintó de los apóstoles, una Virgen de la Leche con el pecho fuera (muy raro en la época) y nos gustó mucho. De ahí, a comer, a reponer fuerzas para seguir por la tarde.

Como ya he dicho, una de las cosas más representativas de Toledo a la hora de ir a visitarlo es que todo lo visitable cierra entre las 18 y las 18.45. Así que, después de comer fuimos a ver la Iglesia de S. Román, donde se encuentra el Museo de los Concilios y de la Cultura Visigoda y donde se aprecian muestras de la importancia que tuvo la ciudad en época visigoda. Tiene unas pinturas muy bonitas.

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Meg ante arco de herradura decorado con lóbulos, en el Museo de los Concilios

De ahí salimos hacia la Iglesia de S. Ildefonso o de los Jesuítas, templo barroco que rompe con la estética visigoda, judía, árabe, gótica y mudejar que habíamos visto hasta el momento. Es un templo blanco, con decoraciones puntuales y un gran altar de madera. En un lateral derecho se observa la tumba de un monje en relieve policromado muy pintoresca.

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Tumba de monje, con sus libros y angelotes

Después de todo este palizón y viendo que se acercaba la hora de cierre de tantos lugares bonitos para visitar, decidimos marcharnos por calles estrechas, compramos la cena y nos fuimos al hotel, a darnos un bañito fresquito, a cenar en nuestra habitación algo ligerito y suave y a descansar...

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Meg en una calle estrecha de Toledo

(Continuará...)

miércoles, 6 de julio de 2011

Viaje a Toledo (I)

Este año, Mr. Osako y yo no coincidíamos en vacaciones, así que tuvimos que hacernos un especial y buscar un fin de semana en el que pudiéramos escaparnos juntos un viernes para poder aprovechar algo el finde.

Nuestro primer destino fue Valencia y el finde elegido el del 24 al 26 de Junio, pero cuando nos pusimos a mirar hoteles, todo era carísimo, así que buscamos otras alternativas, que pasaron por Salou (y Port Aventura), Ronda (en una casita con piscina al fondo del "tajo" de Ronda) y Toledo, destino final elegido, gracias a un famoso buscador de hoteles de Internet que nos encontró un hotel de 4 estrellas con piscina donde pasamos dos noches (y tres días) por menos de 150 euros.

Mr. Osako ya había estado en Toledo, aunque su anterior visita fue de lo más desastrosa y no vio nada de la ciudad (de hecho, estuvo menos de 24 en la misma), así que teníamos por delante el reto de visitar una de las ciudades más bonitas de España.

Partimos el viernes por la mañana, con la fresca rumbo a Toledo y, hasta la parada de la Roda (Albacete) nos hizo un tiempo fresco y con nubes que deshacía todas las previsiones de "fin de semana más caluroso del año" que habíamos visto en todos los informativos meteorológicos. Pero fuimos llegando a la ciudad y el calor fue apremiando, así que, tras registrarnos sin problema, hicimos gala de nuestros cuerpos esculturales en bikini y bermudas y estrenamos la piscina, que estaba limpia e inmaculada para nosotros solos. Un buen baño en el agua fresquita (le daba la sombra), un rato de relax en las tumbonas y nos subimos a la habitación a comer, porque tuvimos la precaución de llevarnos comida para no salir del hotel a buscar dónde comer (el hotel no servía comidas, sólo desayunos y cenas).

Tras comer y dormir una reparadora siesta, a eso de las 6 decidimos salir rumbo al centro de Toledo. Llegamos a la primera Oficina deTurismo y, ¡sorpresa!, estaba cerrada, abría solo de 9 a 18 horas. Aunque previamente habíamos determinado el itinerario a seguir, con los monumentos más representativos a visitar (Catedral, sinagogas, mezquita, Casa-Museo del Greco, etc.), necesitábamos un plano y en el hotel no los había, así que Mr. Osako fotografió el que había en la puerta de la Oficina de Turismo y nos encaminamos por esas cuestas hermosas a ver el centro de Toledo.

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Mr. Osako (a contraluz) frente a la Puerta Nueva de Bisagra, entrada al Toledo antiguo

La primera parada oficial la hicimos en la Puerta de S. Ildefonso, que es patrón de la ciudad, fue arzobispo de la misma y proclamado "doctor de la Iglesia visigoda". Cuenta la leyenda que la propia Virgen María bajó del cielo para entregarle una casulla bordada y ese es el momento que se recoge en la fachada de la Puerta de S. Ildefonso, preciosa puerta doble con arco de herradura con relieve encima y arco ojival enmarcando lo anterior.

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Meg ante la Puerta de S. Ildefonso

Intentamos entrar en la Mezquita del Tránsito, pero como Toledo tiene horarios al estilo europeo, había cerrado a las 18.45 y no pudimos entrar. Callejeando, callejeando y con la referencia del mapa en la cámara de fotos, llegamos a la Plaza Zocodover, situada en un lateral de la zona antigua, pero centro de referencia de autobuses y turistas. Tuvimos la suerte de que Toledo estaba engalanada porque el día 23 había sido el Corpus y vimos todo el centro con banderolas en los balcones, toldos en las calles que iban a la catedral y bonitas lámparas enrejadas.

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Meg en la Pl. Zocodover, engalanada para el Corpus

Caminado, caminando, llegamos a la Plaza del Ayuntamiento, donde está la catedral y estuvimos curioseando los horarios de la misma y, ¡suerte!, la Oficina de Turismo de dicha plaza estaba abierta, entramos para pedir información y nos dieron hasta los horarios de los autobuses para ir y volver del centro al hotel sin perder mucho tiempo ni llegar exhaustos.

Después de dar otra vuelta a la pata (y pagar una burrada por un helado insulso) decidimos montarnos en el Zocotren, que era lo único que podíamos hacer, que te da una vueltica por Toledo (40 minutos) y nos enteramos de leyendas y dichos de la ciudad.

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Vista de Toledo desde el otro lado del Tajo

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Torreón del Baño de la Cava
(Cuenta la leyenda que fue testigo de los amores entre el último rey visigodo -D. Rodrigo- y la hija del gobernador de Ceuta -Florinda o "la Cava", prostituta en árabe-, motivo por el que el conde de Ceuta, D. Julián, facilitó la entrada de los magrebíes a la península y así desterraron a los reyes visigodos hacia el norte de España)

Después del trenecito y de sus anécdotas, decidimos ir a cenar, aunque nos recomendaron un sitio donde degustar la carcamusa, al llegar estaba a reventar, así que nos metimos en una pequeña taberna, donde nos metimos entre pecho y espalda una estupenda ensalada, unos huevos rotos y 5 cazuelitas de carcamusa, pulpo en salsa, ventresca de atún con fritada de tomate y pimiento, migas manchegas y morteruelo.

De ahí, nos fuimos rodando a la parada del bus y del bus al hotel, donde pasamos una noche horrible por la fuerte cena que nos zampamos...

(Continuará)

viernes, 25 de febrero de 2011

Viaje a Córdoba (II)

Vuelvo con el viaje a Córdoba.

Tras cenar y algo cansados por el viaje y el paso, nos fuimos camino al hotel, si bien pasamos delante de la oficina de Turismo y decidimos entrar a ver. Nos dieron la feliz noticia que los sábados la Mezquita abría a las 8.30 y que hasta las 10 era gratis. Ni cortos ni perezosos, tras levantarnos temprano y desayunar a lo bufé libre y como si no hubiera mañana, a las 8.30 estábamos en la Mezquita, para empaparnos de todo.

Entramos por una de esas puertas sin fuste, que parece que lo que te vas a encontrar dentro es poco menos que nada y, de repente, te encuentras con ésto:

Patio de los Naranjos y Torre Catedral
Patio de los Naranjos, con la torre de la Catedral

Fuente Patio Naranjos
Curiosa fuente del Patio de losNaranjos, con un mecanismo móvil accionado por el agua

Y es que como todo lo moro, la Mezquita engaña, dando una imagen probretona por fuera, pero magnífica por dentro, sí señor. Una vez en el patio, quisimos entrar al edificio por la puerta principal de la Mezquita, que es ésta, pero no se puede, así que nos fuimos a la esquina, que es por dónde hay que entrar.

Puerta principal interior mezquita 2
Puerta principal de la Mezquita-Catedral

Una vez dentro, entiendes porqué hay que entrar por la esquina, ya que la sensación al ver el bosque de columnas desde uno de los estremos es indescriptible...

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Mi pareja en la Mezquita

Y vas andando y vas viendo pequeños detalles que te embargan de belleza. Ahora entiendo a Stendhal cuando entró en la Basílica de la Santa Cruz y le dio un parraque. Una de las cosas más bonitas es el techo del mirhab, bellamente trabajado con formas geométricas perfectas.

Techo Mihrab
Techo del mihrab

Poco a poco se va llegando al meollo de la cuestión y te encuentras con la unión de la mezquita con la catedral...

Unión mezquita y catedral 2
Unión mezquita y catedral

Vaya por delante que la catedral está en medio de la mezquita y me pareció una pastelada de merengue increíblemente horrible, vamos, que no me gustó nada. Además, las maneras que tuvieron algunos de los trabajadores de la catedral de prohibirnos hacer fotos mientras estaban haciendo misa (las fotos eran del techo) fueron de lo más groseras, al menos deberían poner carteles que indicaran que no se deben hacer fotos durante los oficios. Nos gustó, eso sí, el trabajo de madera del coro y uno de los púlpitos, de una escultura magistral.

Coro catedral, detalle 4
Coro de la catedral

Púlpito Catedral
Púlpito catedral

Pero el tiempo se nos echaba encima, así que terminamos de ver todo y nos marchamos, en taxi, como los ricos, al hotel, que la boda a la que habíamos ido merecía estar superpresentables.

martes, 25 de enero de 2011

Viaje a Córdoba (I)

Cuando Manifacero me dijo que se casaba, me dio una alegría inmensa, porque, por circunstancias de la vida, digamos que he sido testigo directo de cómo comenzó su relación con su actual mujer. La distancia que nos separa me daba un punto de vista más objetivo sobre los pasos a seguir y creo que aporté un granito de arena en su forma de enfrentarse a los diferentes pasos que fue dando. Debo decir que Manifacero fue constante hasta decir basta (vamos, lo que en su pueblo y el mío llamaríamos un cabezón) y que al final consiguió ennoviarse y llevarse al altar a la cordobesa más simpática, bonita, atenta y sensible que pueda conocer jamás.

Así que cuando estuve entre los afortunados invitados a su boda, empecé a juntar cuatro euros cada vez que podía para plantarme en Córdoba y participar de su alegría.

Para que veáis que atenta y detallista es la mujer de Manifacero, al llegar al hotel nos dieron un sobre con sitios para visitar, dónde cenar, qué rutas hacer qué ella nos había hecho a los que veníamos de fuera. Por supuesto, después de una pequeña siesta, nos armamos de un plano en el hotel y de la guía que nos habían dado y nos fuimos a recorrer Córdoba.

En primer lugar, fuimos a la iglesia donde se celebraría la boda, por controlar el tiempo que tardaríamos en llegar desde el hotel (que también fue buscado por los novios) pero estaba cerrada y no pudimos ver nada. Así que continuamos callejeando y llegamos al Palacio de Viana, donde pudimos pasear por sus 17 patios, que son una belleza en si mismos y que dan un ejemplo claro de cómo puede organizarse una casa en torno a unas plantas y a una fuente.

Patio 2
Aquí uno de esos patios, el más reciente construido, donde se llegan a dar conciertos al aire libre

Estanque 2
Patio con estanque, pura serenidad oír el ruidito del agua

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Patio principal. Observad que las piedras que forman el suelo están colocadas de canto (y no planas), algo que vimos mucho en la zona antigua de Córdoba

Viendo que se nos echaba el tiempo encima, nos fuimos hacia la zona de la Mezquita-Catedral y hemos de decir que te la encuentras de repente, mientras vas callejeando entre calles estrechísimas. De golpe y porrazo, una estructura cuadrada que no hace presagiar lo que hay dentro... Como era tarde y de noche, ya estaba cerrada, pero le dimos la vuelta enterita y al final cenamos justo enfrente.

Portada Mezquita 2
Mr. Osako frente a una de las puertas de la mezquita

Como el hambre ya apremiaba, nos metimos en una taberna llamada "Bodegas Mezquita" y cenamos la mar de bien un menú de tapas. Imprescindible pedir berenjenas al Pedro Ximénez, que están deliciosas.

(Continuará...)

domingo, 26 de septiembre de 2010

Viajes estivales (IV)

Termino ya con la crónica.

El viernes 6 decidimos visitar Cáceres, mucho más cercana a Mérida que Badajoz (y mucho más bonita). La entrada a Cáceres ciudad la hicimos en coche por una punta... y le dimos dos vueltas a la ciudad, buscando la Plaza Mayor. Cuando íbamos a enfilar por segunda vez hacia la plaza de toros, decidimos aparcar y andar y resultó que estábamos a sólo 2 calles del centro histórico.

Mr. Osako en la esquinica de una casa. Observad la ventana de arriba, muy típica en Extremadura, que da justo a las dos fachadas de la casa.

Nos dirigimos a la Oficina de Turismo y contratamos una visita guiada de 2 horas, por 5 euros por cabeza y con acceso a varios edificios e instituciones completamente gratis. Así, pudimos ver no sólo el museo arqueológico de la ciudad, sino también uno de los aljibes de la misma, situado bajo la iglesia de los jesuitas (?), en el centro de interpretación turística y en el museo de pintura contemporáneo.

Aljibe de la ciudad, actualmente en desuso, pero con idea de aprovechar el agua de nuevo.

Además, nos explicaron la historia de varias casas singulares y aprendimos de donde viene la expresión "comer a mogollón"*.
Esquina de la casa del mono, cuya propietaria tenía uno y lo cuidaba como a su hijo. Cuando se quedó encinta y tuvo su bebé, descuidó al mono, éste cogió celos del bebé y lo estrelló contra el suelo de la calle desde la azotea de la casa.


Torre de palacete habitado actualmente. El aire mecía las hojas de la enredadera y era espectacular verlo.


Mr. Osako con San Jorge y el Dragón, como no podía ser de otra manera...

Pidiéndole a S. Francisco que nos dé suerte y que nos toque la lotería, para ver si podemos conseguir nuestro sueño.



Después de comer en la Plaza Mayor (que está en obras y no se aprecia bien su belleza), marchamos a descansar a nuestro refugio aljucense. Más piscina y una estupenda sesión de termas romanas nos hizo imaginar que estábamos en el paraíso.

Al día siguiente, sábado 7 de Agosto, nos fuimos a Mérida, a terminar de ver el Circo Romano, hacer unas compras de recuerdo y pasar por el súper para repostar vituallas en el camino. Pero antes de ir, yo me empeñé en ver el destacado "Dolmen de Lácara", que estaba a unos kilómetros de nuestro alojamiento. Así que nos fuimos camino de una finca extremeña y allí entramos. Y cuando llevábamos unos 2 km finca adentro y unos cuantos roces del bajo del coche en el camino, vimos unas edificaciones y preguntamos: era la finca de al lado y había que volver a salir a la carretera y entrar andando. No te digo cómo se me puso el coche blanco de bonico del polvo del camino.

El caso es que desandamos el camino hecho (en coche, claro) y nos metimos en la susodicha finca. Tras andar como un kilómetro aproximadamente, encontramos ésto:

Meg a la entrada del corredor del sepulcro. Más información, aquí. No te digo lo que impresona ver esas enormes piedras y pensar que quien lo hizo no conocía la escritura y, probablemente, tampoco se había inventado la rueda.

Y tras una tarde relajada y una cenita tranquila, hicimos las maletas y nos acostamos, al día siguiente, un viaje de 8 horas nos llevaría directamente al Puerto de Mazarrón a pasar otra semana de descanso.

Fin

*"Comer a mogollón"
es una expresión que proviene de las enormes fiestas que daba la familia Mogollón (apellido auténtico) en Cáceres y que estaban siempre bien surtidas de comida y bebida. La gente aprovechaba y comía "a mogollón", ahorrándose varios días de pitanza en casa. Tanto derroche gastronómico derivó hasta esta expresión que indica más o menos "comer como si no hubiera mañana...".

domingo, 19 de septiembre de 2010

Viajes estivales (III)

A ver si con éste (y otro post más) termino ya la entrega de mis memorias estivales, que me he dormido en los laureles.

Después de ver Mérida y Navalvillar de Pela, Casas de D. Pedro, el embalse del Orellana y los inmensos campos de arroz y maiz de las Vegas Altas del Guadiana, el jueves 5 de Agosto nos fuimos a Trujillo, ciudad del conquistador Francisco Pizarro, conquistador de Perú y de Francisco de Orellana, explorador del Amazonas.

Trujillo es una ciudad con un castillico en to' lo alto del pueblo, con una plaza bien hermosa, con varias iglesias y con casas antiguas, todo ello de bonita piedra.

Mr. Osako en la Plaza Mayor, junto al monumento a Pizarro.

Meg, en to' lo alto del castillo.

Una de las cosas que más nos sorprendió es que para entrar en cualquier sitio, había que pagar 1'40 euros. En la iglesia, en el castillo, en la casa de Pizarro... Los pagamos en estos tres sitios, pero nos negamos a pagar más en lugares tan absurdos como el Museo del Traje o en los dos o tres conventos que se podían visitar. Además de pagar y ver las vistas, no había mucho más dónde rascar. Admiramos la iglesia de la Plaza Mayor (sin explicación alguna) y observamos el bonito mural realizado por los chicos del instituto explicando las diferentes partes del castillo. Y, como las comparaciones son odiosas, lo comparamos con Mérida, donde todo, absolutamente todo, tiene carteles explicativos cada 20 metros: el teatro, el anfiteatro, el circo romano, la alcazaba, la Casa de Mitreo... y claro, Trujillo se nos antojó cara y escasa.

Vista de la Plaza Mayor desde el Castillo

Comimos en un bar de la Plaza Mayor, hicimos compras en un Eroski y en una tienda de productos extremeños y, con las mismas, nos volvimos a la frescura de nuestro alojamiento y nuestra piscinica.

viernes, 20 de agosto de 2010

Viajes estivales (I)

Este es el segundo año que organizo viaje estival con mi CdA, a.k.a., Mr. Osako.

Este año el destino elegido fue la provincia de Badajoz, concretamente Aljucén, un pequeño pueblo situado a 17 km de Mérida, en plena Vía de Plata. A pesar de tener sólo 260 habitantes, cuenta con un albergue para peregrinos, con una casa rural y con unos apartamentos rurales, donde nosotros nos alojamos, Aqua Libera.

Partimos el 2 de Agosto vía Autovía del Mediterráneo, hasta Sevilla y de ahí, a través de varias circunvalaciones, cogimos la Autovía de la Plata hasta Aljucén. Llegamos y nos encontramos con unas instalaciones geniales...

Uno de los atrios del complejo

La piscina del complejo

Nos cambiamos, nos acostamos un ratito la siesta y, al despertar, nos dimos un bañito, nos arreglamos y a cenar a uno de los dos bares del pueblo, en el que la amable mesera nos preparó una tortilla de patatas ex-profeso para nosotros, con un platazo de queso de la tierra de morirse de bueno y una macroensalada de tomates de su huerta. Con la panza llena, nos fuimos a la cama, a esta cama:

Al día siguiente, al levantarnos y abrir la ventana, conocimos a nuestro vecino de enfrente:

Platero

Y, tras un pantagruélico desayuno (en el que Mr. Osako desayunó cachuela extremeña y yo tostadas con mermelada), nos fuimos a Mérida, donde lo primero que hicimos fue ir a la oficina de turismo y, lo segundo, comprar entradas para la función de "Lisístrata" en el Teatro Romano, con Paco León en el papel principal.

Y, luego, a ver Mérida. Ese impresionante conjunto formado por el Anfiteatro y el Teatro romanos, que te dejan patidifusa, por su magnificencia, por su majestuosidad, por su pasado...

Meg en el Anfiteatro Romano

Mr. Osako y Meg ante el Teatro Romano

También visitamos la llamada Casa del Anfieatro, una "pequeña finca" en la que pudimos observar la magnificencia de los mosaicos romanos, así como las espectaculares estancias que tuvo que tener la casita de marras.

Por supuesto, no olvidamos el Museo de Arte Romano, un precioso edificio de Moneo en el que se ven numerosos objetos encontrados en las excavaciones de la ciudad, así como esculturas, columnas, joyas, etc, etc.
Vaso de alabastro con forma de cara

Juego de dados (observad el último, que era para jugar al juego de rol "Los romanos invaden Europa")

Meg al lado de una mini-columna

Tras comer, nos dirijimos a la Casa de Mitreo, otra casa romana y también visitamos la Alcazaba, el Puente Romano sobre el Guadiana.

Bajando al aljibe de la Alcazaba, se agradecía el frescor
Puente Romano sobre el río Guadiana

Tras el largo paseo con altas temperaturas, me dio un parraque por el calor, teniendo que parar para recuperar fuerzas y, la vista de lo perjudicada que estaba, nos volvimos al apartamento romano, previo paso por el mercapeich (que también los hay allí) para comprar viandas para la cena. Y baño, descanso, cenita y a prepararse para otro día.

(Continuará...)

jueves, 17 de junio de 2010

Verano 2.0

Si echo la vista atrás veo lo que han ido evolucinando mis vacaciones a lo largo de los últimos años.

Desde que tengo uso de razón recuerdo el Puerto de Mazarrón como lugar de veraneo, allí donde mis padres decidieron un día asentar el culo y comprarse un dúplex cerca de la playa de la Isla de Paco.

Desde chiquitita, era acabar el colegio y plantarnos en la playa hasta que empezaba el colegio. Recuerdo que mi padre se quedaba en el pueblo, yendo a trabajar y comía con la abuela. Venía los miércoles a comer y se iba los jueves supertemprano, volvía los viernes y ya se quedaba hasta el domingo por la tarde. Muchos nos quedamos sin ir al a feria de Murcia porque llegábamos apenas dos días antes de comenzar el colegio. Justificar a ambos lados

Entre los 13 y los 15 años alterné con un grupo de chicas que tenían en común conmigo cierta cercanía de residencia, pero el asunto no funcionó. Empezaba la época adolescente y el coqueteo con el alcohol, pero hubo determinadas acciones que no me gustaron un pelo y decidí pasar página con aquel grupo.

El verano de mis 16 años, una amiga de mi instituto vino a veranear al Puerto. Allí ella tenía una amiga y empezamos a salir con ella y sus amigas y se formó un gran grupo. Con ellas pasé mis mejores veranos, hasta los 22 años aproximadamente, en el que las cosas empezaron a estropearse por culpa de un chico.

Dos de mis amigas estudiaban conmigo la carrera. Una de ellas iba detrás de un chico que era muy amigo mío, de esos que te lo cuentan todo y claro, cuando por fin mi amigo se decidió a pedirle salir, ella se tomó un poco a mal que tuviera amistades femeninas y, por ende, tan cercanas a ella. El caso es que aquella relación fue hacia delante y la mía con mi amiga y su novio (amigo mío) fue hacia atrás. El batacazo definitivo (y que me hizo sentir como una puta mierda, sin tener motivo) fue su boda, a la que estuvieron invitadas todas las amigas de la playa menos yo, que ya no era bienvenida en el círculo de amistades de mi amiga playera y su marido (amigo mio).

Aquel fue el acicate que me dió la vida para saber quién es realmente tu amigo y quién no. De aquél grupo de 6 chicas hoy sólo tengo relación con 2 de ellas y con una muy especialmente. Al resto, me da igual no verlas.

Tras esa ruptura de grupo, mis veranos se centraron en descansar a tope en casa: leí más que nunca, pinté más que nunca y dejé de salir de bares por las noches. Con mis amigas "de diario" comencé a hacer algún que otro viaje (la Ruta del Quijote, por ejemplo) y decidí compartir mi tiempo con mi familia.

Pero llegó Mr. Osako, el cual me dio un punto de vista distinto: compartir vacaciones con tu pareja. Y aquí estamos. El año pasado visitamos la Comarca del Matarraña, en Teruel, altamente recomendable para aquéllos a los que le gusten los pueblecitos mediavales con cuestas p'arriba y cuestas p'abajo y rincones bellos, ríos en su nacimiento y naturaleza desbordada, además de algún que otro pueblo ibérico rescatado de las ruinas y cementerios medievales.

Y este año hemos apostado por Oeste español. Aljucén es nuestro destino, a pocos minutos de Mérida, donde esperamos poder disfrutar de todo el sabor, el color y el calor de Extremadura en Agosto. Ganas no nos faltan (algunos dineros puede que sí) y tenemos reservado un bonito apartamento en un retiro romano, con termas incluidas. Y, a la vuelta, una semanita más en la casa familiar del Puerto de Mazarrón.

martes, 9 de febrero de 2010

Senderismo

Desde hace un par de semanas se han venido celebrando las fiestas del Ilustre Colegio de Abogados de Murcia (al que pertenezco) en honor a San Raimundo de Peñafort (para saber porqué es nuestro patrón, pincha aquí).

Este año la novedad venía porque la Junta de Gobierno del colegio quería hermanar a los letrados en actividades lúdicas diferentes a las que se han venido haciendo. Es tradicional el famoso "vino español" en determinado hotel murciano y la "cena de gala". Pero este año se han organizado un ciclo de cine jurídico (con una selección de pelis realmente buena) y una jornada de convivencia en el monte. Y ahí es donde entro yo.

El pasado verano mi chico y yo tuvimos la idea de irnos de turismo rural. Y ahí comenzamos a coquetear con el senderismo, al hacer un recorrido por pista forestal y sendas de bosque mientras remontábamos un río hasta llegar a su nacimiento (cosa que intentamos, pero no logramos). El Colegio de Abogados, a través de su asociación de senderismo, ideó un suave recorrido para subir a uno de los picos más altos del municipio de Murcia, el Relojero, en la Cresta del Gallo, a casi 700 m de altura.

Comenzamos la ascensión desde el mirador de la Cresta del Gallo, a través de la sendas marcadas, no por la pista forestal. Nos reunimos 20 adultos, 5 niños y dos perros y lo idóneo para hacerlo era guiados como lo hicimos nosotros, porque para los inexpertos, seguid la senda al tuntún hubiese sido algo complicado. Poco a poco íbamos descubriendo paisajes del entorno realmente espectaculares...
Vista de Murcia desde la Cresta del Gallo, por PalmaSoft, en Flickr, original aquí.

Hicimos una parada para un ligero almuerzo en una casita perdida (y a la venta) que hay a medio camino de la subida al Relojero, nuestro punto a seguir. Se dio al opción a los padres que dieran la vuelta y nos esperaran en el Valle Perdido, donde teníamos previsto comer. Pero los niños se veían con fuerzas y siguieron a los mayores.

Poco a poco el esfuerzo de andar por el monte fue haciendo mella en mi, que no estoy acostumbrada a ese tipo de ejercicio y que mis 87 kilos lastran también bastante. Aunque llevábamos bastones de senderismo y me apoyaba en ellos, se iba haciendo cada vez más difícil la subida. Pero, sinceramente, vistas así lo compensaban.

El llamado "Paisaje lunar", foto de Tomaticopartío, en Flickr, original aquí.

Y es que ves la zona que compartes a diario con miles de personas con otros ojos, miras los relieves del paisaje intentando adivinar alguna referencia conocida (los juzgados, Nueva Condomina, etc). Se respira un aire puro y te sientes genial.

El último tramo de subida al Relojero lo hicimos por pista forestal y es el que más me costó. Hacía ya rato que niños y perros me habían adelantado, incluso mi chico iba por delante de mi y me aconsejó que no hiciera por seguir el ritmo de nadie, que marcara el mío, que él me esperaría. Y, de repente, llegamos a lo más alto y vimos el mar:

Vista del Campo de Cartagena y el Mar Menor e Isla Grossa, de N4n0, en Flickr, original aquí.

Creedme si os digo que el esfuerzo lo compensa todo, a un lado teníamos la huerta de Murcia, sus bancales delimitados, los pequeños pueblos, el canal del Reguerón, el río Segura, la ciudad, etc. Y, al otro, veíamos la comarca del Campo de Cartagena, el Cabezo de la Plata de Torre Pacheco y ¡¡el Mar Menor e Isla Grossa!!. Incluso se podía ver el comienzo de la costa alicantina y los montes que rodean Cartagena. Fue un momento maravilloso para mi.

La bajada ya la hicimos por la pista forestal habilitada para ello, es verdad que subir por allí suponía un ligero rodeo respecto de nuestro paseo inicial, pero hubiese sido también más fácil para los torpes como yo, jeje. Es algo que quiero repetir algún día (de este año incluso), con mi chico y con tranquilidad.

En otro post, la comida de ese día.


NOTA: Muchas gracias a todos aquellos que, desinteresadamente, colgáis vuestras fotos en Flickr para que podamos admirar los hermosos paisajes que se encuentran tan cerca de nosotros.