Podría llenar este post con referencias reales de lo que supone estar perseguida por una pareja que cree que le perteneces como si fueras un recipiente de plástico para guardar comida. Que te utiliza, te calienta (al microondas), te tira (al suelo y te golpeas), te lava (bajo el agua fría y te congelas)...
Podría, pero no lo voy a hacer.
Podría comentaros que tengo una cliente que tiene 21 años y que su ex-novio le destrozó el coche por cortar con él.
Podría deciros que tengo una cliente que su ex-marido la llamó el pasado fin de semana 122 veces.
Podría contaros que una vez tuvimos que llamar a una ambulancia porque una cliente sufrió un ataque de ansiedad al ver a su marido en el juzgado, previo a un juicio.
Podría, pero hoy no quiero.
Hoy quiero elogiar a tanta gente que ofrece su tiempo y su trabajo para erradicar la violencia contra las mujeres de esta sociedad. A los trabajadores sociales del 112, que centralizan con su voz toda la ayuda que necesita una mujer maltratada. A los policías de las comisarías y los cuarteles de la Guardia Civil, que se especializan mediante cursos de psicología en la atención a este tipo de víctimas del maltrato, muy especialmente las unidades de policía nacional del llamado Servicio de Atención a la Familia (SAF), porque su labor es inmejorable. A los que, de verdad, creemos que la asistencia jurídica a víctimas de la violencia doméstica es una labor esencial para acabar con esta lacra (son los llamados Turnos de Oficio de Violencia Doméstica). A los diferentes estamentos administrativos, bien sea de los ayuntamientos (Concejalías de la Mujer), bien sea de las comunidades (Institutos de la Mujer) o del Gobierno central (Ministerio para la Igualdad), ya que vertebran ayudas, seguimientos cercanos, opciones de búsqueda de empleo, casas de acogida, tratamientos psicológicos, etc. A los medios de comunicación, porque no callan ante la avalancha de muertes que se cierne a veces sobre las mujeres. Porque sin todos estos profesionales, la violencia ejercida contra la mujer sería una lacra sufrida en silencio y padecida como algo "normal", cuando no lo es, ni mucho menos.
A todos ellos, ojalá que pronto dejemos de celebrar este día.
Lectura recomendada: "Mi marido me pega lo normal. Agresión a la mujer: realidades y mitos", de Miguel Lorente Acosta, médico forense.